Una niña de 5 años le comenta a su madre, Elsa Punset, lo siguiente: <<“El abuelo de Paula anda muy recto y se mueve mucho -me dijo el otro día-, no parece un abuelo”. “¿Y qué parece?”, le pregunté con curiosidad. “Parece humano”>>
Me pareció increíblemente gracioso cómo la inocencia de una niña es capaz de darse cuenta que los abuelos no existen; son los padres... mayores de edad, claro. Muy bueno.
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