El verano siempre alienta nuestros sentidos pero... ¿por qué hacernos sufrir tanto?
La época del año que más desgasta tu voluntad de trabajar, resulta ser la que te incita a pensar más allá de, en mi caso, una inteligente y bonita mujer. La época en la que la dopamina segrega flujos y secreciones de amor por todos y cada uno de los rincones de tu efímero pero incansable organismo humano.
Acabo de leer un artículo de Guillermo Abril para El País con titular "El mapa del deseo".
Se pueden leer geniales frases como:
-"Los traseros femeninos atraen porque históricamente las relaciones sexuales se mantenían por detrás. Como un faro en la niebla. Y un barco llegando a puerto."
-"Hoy vivimos tiempos sin grasa en los que los abdómenes rígidos de Shakira y José María Aznar, por ejemplo, compiten por las portadas."
Como sencilla conclusión se puede extraer el culto a la fisonomía y el poder de nuestras hormonas recorriendo cada rinconcito explorado o no, supongo.
Si las hormonas creasen una fuerza política, tal vez nos preocupásemos más de la vida y no del estilo cultural; es decir, nos besaríamos en los mítines.
Si las hormonas se fugasen, careceríamos de ánimo sentimental y, por tanto, de reloj de cuco en la cocina.
Si las hormonas fueran programables, alguien tendría el control; muy probablemente Carmen de Mairena y Steve Jobs con su novedoso producto i-Lololó.
El mapa de los deseos, un famoso pergamino que tan solo requiere de nuestros sentidos para descifrarlo.
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