Hace más de un mes que fui a Cuba de viaje con motivo del ecuador de carrera. Estuvimos en La Habana y en Varadero. Allí era invierno (finales de febrero, principios de Marzo) pero vaya invierno; 22 grados al sol y unas mínimas de 17º. Ojalá fuese así aquí; eso si, no quiero imaginarme como será el verano. Tengo que confesar que me llevé más ropa de invierno de la que después usé ya que a menos de un mes del viaje leí en la prensa que una ola de frió invernal azotó La Habana y murieron tres ancianos de una residencia. No es por despreocuparme de esa pobre gente que murió en "extrañas circunstancias" para ser Cuba, ya que poca gente creería ese tipo de fallecimiento si conoce el invierno de la isla; pero desde entonces añadí la capital cubana en mi móvil para ver el clima que hacía cada día.
Cuando llegué a España, con la respectiva depresión y con el tremendo jet lag, lo que me preguntaba la gente era qué tal es aquello. Una pregunta difícil ya que hay que abstraerse de todo tipo de tintes de ideología políticas para poder entenderlo, pero a su vez es completamente necesario conocer el funcionamiento del régimen ya que está presente en cada esquina física de la isla como mental en sus ciudadanos.
Para poder explicar mi visión, utilizaré un cuadro pequeñito que le compré a un rastas llamado Joe el Rastas y que podéis ver más abajo. Lo que destaca esta obra es la mirada de un hombre cubano. Esa mirada, para mi, refleja la mirada que pude ver en los rostros de la gente cubana; una mirada de cansancio y de alguna forma, triste. Pero no es una tristeza profunda la que muestran, sino que se puede ver algo de esperanza e ilusión que se aprecia en su forma de vivir con los demás y con su entorno, una vida con muy poco a la que le sacan un gran jugo y lo saben disfrutar más que nosotros. Esto les permite aprender de los errores, y sobre todo convivir con ellos ya que muchos de esos errores no dependen de los ciudadanos, como ocurre en todas las sociedades cerradas. Algo que también me llamó la atención comparando ambas culturas (la europea en general y la cubana) fue la diferencia que existe en las formas de interactuar con los demás, sean conocidos o no; y es que no solo son mucho más abiertos que nosotros y no les importa acercarse al otro para hablar un rato sin más, sino que además son más serios que nosotros. Me explico; creo que nuestra sociedad ha creado una serie de normas de conducta y de convivencia con el fin de llevar por "buen" camino ese respeto mutuo entre todos para poder llevar a cabo nuestro sistema, que se han creado una serie de esquemas de interacción ya establecidos, lo que nos ha llevado a ser falsos en muchas ocasiones; como por ejemplo la sonrisa perenne que esbozamos cuando conocemos a alguien desconocido y más aún cuando incluso no estamos de acuerdo con lo que dice pero por educación seguimos con la sonrisa (en mayor o menor medida según la disconformidad). Los cubanos, no te vienen con esa sonrisa, tienen un semblante más serio porque no necesitan caer bien. Porque no necesitan tener la seguridad de empatizar; algo que para nosotros es como el peor de los monstruos de la noche. Necesitamos saber que caemos bien porque si no, nos frustramos y traumatizamos. Este detalle se puede apreciar en diversas culturas, mundiales o incluso dentro de Europa. No hay más que ver a un chino (que tenga la cultura de su país, dejando al margen los que llevan un tiempo viviendo aquí), o un turista europeo, que parece que cuanto más del norte sea, más mantiene las distancias. No toméis en serio todo lo que digo, que siempre ha de haber un tinte de humor.

Volviendo a Cuba, queda destacar que allí no hay pobres ni ricos, allí todos son mas o menos iguales y todos tienen algo que llevar a la boca; no como en los países desarrollados donde hay gente que no tiene nada que comer en muchos casos y que duermen en la calle, o donde hay ricos que no saben que hacer con su dinero y ves cómo envían una foto o un carmín al espacio por tan solo 1.000$ por gramo que pese el objeto, pero en fin, esto no viene a cuento. El régimen comunista es lo que tiene, que nadie tiene libertad para hacer lo que quiera con su vida y no pueden tener lujos pero a su vez, no existe la pobreza extrema que vemos por aquí, aunque ni que decir por supuesto que allí no viven muy bien que digamos. Las cartillas de racionamiento siguen existiendo y son realmente para preocuparse. Siguen existiendo pocas medidas de higiene, las infraestructuras dejan mucho que desear ya que desde los años '50 muchas de ellas están sin tocar, etc.
Cómo será el régimen de duro y cómo tiene a la gente a raya que ni a un niño, que apenas tiene para comer, se le ocurre meter la mano en el bolso de uno de tantos turistas como hay. Nadie te intenta robar, eso sí, si te pueden "timar" lo aprovechan antes de verte. Con timar me refiero a situaciones en las que algunos (no todos), en lugar de pedirte dinero, empiezan a hablar contigo para que después se lleven parte del botín, que puede ser una cena, una copa o cualquier cosa donde él haya podido intervenir ayudándote a elegir ese sitio que buscabas y te aconsejó tan bien.
La Habana se queda grande para tan pocos días. Hay tanto que ver y sobre todo tanto que vivir allí, que dan ganas de romper el visado y quedarte allí atrapado. Lo "malo" es que hemos experimentado vivir como turistas, pero vivir como ellos, poca gente lo desearía.
Varadero es muy bonito, tiene unas playas blancas impresionantes de aguar turquesas pero, en mi opinión, merece la pena ahorrar algún día allí para disfrutar más de la capital. Aun con esas, mi experiencia en Varadero con mis amigos de la universidad es una de las cosas que te marcan de por vida, algo inolvidable donde la Piña Colada tiene gran parte de ese protagonismo.
Os dejo los datos de un amigo de Joe el Rastas que conocimos un día antes en La Habana: Milton R. Díaz Pérez, arquitecto y artista plástico, del que podéis ver su galería en la web http://www.galeriacubana.net/artedigital/Milton.Diaz/index.html y que gracias a la asociación a la que pertenece, puede salir de la isla y realiza diversas exposiciones por todo el mundo. Os recomiendo ver sus obras que son muy interesantes y bonitas, aunque también os invito a visitar al resto de integrantes de la asociación.
Para terminar, tengo que decir que sé muy poco de Cuba, se sufre viendo la calidad de vida de sus gentes y sientes unas tremendas ganas de ayudar por muy tacaño que seas, pero creo que tenemos mucho que aprender de ellos y se merecen una salida del régimen, desde luego llevado con bastante más cautela y control que lo que pudimos ver en la Guerra de Irak, algo que de alguna manera se teme por parte de EE.UU. cuando caiga el Régimen Castrista y donde se espera que todas las comunidades mundiales se vuelquen para que esas personas que viven allí no sufran más de lo que ya han sufrido.
Por supuesto no puedo terminar sin hablar de los puros cubanos. Compré un surtido de tres Cohibas normalitos (un SigloII, un Siglo IV y un Robustos), un H.Upmann, un Romeo y Julieta, un tremendo Punch gigantesco, una cajita pequeña de Montecristo y los que más me han sorprendido, los Partagas. Todos ellos riquísimos y con mucho arte, una pena que duren "tan poco".
Pero eso sí, de lo que más me he traído a España son las ganas de volver a Cuba.
En memoria
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